Hablar de Jerez y de su centro histórico es hacerlo casi indivisiblemente de La Vega. Se podría decir que no hay jerezano que nunca haya cruzado sus puertas para disfrutar de un café, una tapa o sus clásicos churros.
 
En sus orígenes, a primeros del siglo XX, el por entonces bar La Vega se situaba prácticamente en el centro de lo que hoy es la plaza Esteve, cerrando el paso a la calle Santa María, a pocos metros de su actual ubicación.
 
A mediados del siglo pasado se produjo la gran remodelación del entorno de la plaza de abastos, derribándose prácticamente la mitad de este edificio y antiguas dependencias del vecino convento de San Francisco, con el fin de erigirse el edificio del antiguo Instituto de Reforma Agraria (IARA), un proyecto del arquitecto municipal Fernando de la Cuadra e Irízar, en cuya esquina se proyectó la cafetería La Vega, cambiando así su originaria ubicación.
 
La Vega se convirtió en un lugar de paso obligado no solo entre comerciantes y clientes de la plaza de abastos, sino también por buena parte de la sociedad jerezana, entre ella empresarios y artistas, viviendo su gran esplendor en los años 60 y 70 del siglo XX.
 
El Siglo XXI ha traído nuevos aires a La Vega. Desde la dirección hemos querido seguir manteniendo el espíritu del local, pero reformándolo y adaptándolo a los nuevos tiempos y exigencias de nuestros clientes. En el interior, el arquitecto francés Eric Perignat ha tomado el testigo de De la Cuadra y, junto con el diseño de interiores del danés Christian Harhoff  se respira el ambiente de un concepto funcional propio de la Bauhaus y con una arquitectura decorativa vinculada con el art déco que, como en una máquina del tiempo, rescata en la segunda década del siglo XXI el espíritu de aquella época